A altas horas de la noche, una mujer dormía sola fuera de un bar. Se resfriaría si se quedaba así. Además, parecía buena persona. Decidí cuidarla. La llevé a mi habitación y le acaricié el cuerpo. No daba señales de despertar. La lamí con la lengua e inserté mi pene. Seguía sin despertar. Estaba a punto de llamar a mis amigos para una sesión de sexo grupal. No sabía que era una zorra pervertida con adicción al sexo, esperando que la llevaran a casa... Una dulce trampa tendida por una prostituta, su lujuria sin límites te hará encoger los testículos. Cuando llegues al clímax, depende de ella. "Fóllame hasta el fondo de mi vientre..."