¡Restricción! ¡Asfixia! ¡Éxtasis! Los dedos y la lengua de la mujer mayor acariciaron intensamente sus zonas erógenas increíblemente sensibles, enviando descargas eléctricas por todo su cuerpo. Esta estimulación era tan placentera... no, no podía describirse simplemente como "placer". ¡Era una estimulación desconocida y extraordinaria que le llegó directamente al cerebro!