Hace ocho años, mi padre se volvió a casar, y Riho y yo nos convertimos en hermanos. Aunque no éramos parientes de sangre, éramos familia. Éramos una familia feliz. Pero… sin darme cuenta, empecé a ver a mi hermana como una mujer. Tenía miedo de estar con ella. Me preocupaba que algún día despertara mi deseo sexual. Así que huí de ella. Usé mi ajetreada vida universitaria como excusa para escapar de mis deseos, y sin darme cuenta, llevaba un año sin estar en casa. No tenía ni idea de que mi padre había agredido a Riho durante ese tiempo…