Siguiendo el consejo de mi amigo Kawada, fui a un salón de belleza para hombres que supuestamente tenía hermosas mujeres casadas y podía realizar actos sexuales. Sin embargo, al llegar, descubrí que el salón no podía hacer nada. Mientras pensaba en lo horribles que eran por mentirme, intenté negociar con la esteticista...