Su vida matrimonial transcurría con normalidad, pero algo inquietaba a Ema: los besos de su marido eran horribles. Cada mañana, al besarse, sentía una profunda insatisfacción. Un día, mientras Ema dormía, ¡su padre adoptivo no pudo resistirse y la besó! Aunque Ema estaba horrorizada, también sintió la ternura de su padre adoptivo. Cada noche, su padre adoptivo la besaba, y Ema poco a poco empezó a desear sus visitas, ¡incluso a buscar sus besos!
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