Yurika es ama de casa, casada y con un hijo. Le pide ayuda a su hermana, que es enfermera, para que cuide de su hijo adolescente, Haru, a cambio de la cena durante sus turnos de noche. Haru empieza a visitar con frecuencia la casa de Yurika… Su sobrino, al que no veía desde hacía mucho tiempo, conserva tanto su terquedad infantil como su encanto masculino y confiable… Al verlo disfrutar de su cocina y observar sus palabras y acciones ambiguas, Yurika desarrolla sentimientos que van más allá del maternal. Entonces, la noche en que se descubre la infidelidad de su marido, Yurika recibe un inesperado abrazo de Haru, quien, preocupado, la abraza, y entre ambos se cruza una línea.