En cuanto se conocieron, compartieron un beso apasionado, casi demasiado intenso para esperar. Luego se fueron directos a la cama e hicieron el amor. La amante definitiva, que volvía loca la vida, era la esposa de su superior, Orihara Yukari, con quien continuaba sus encuentros clandestinos a pesar de estar casada... No necesitaba amor, solo quería entregarse al deseo carnal...