Ki-hong estaba completamente cautivado por la amiga de su madre, Saya, una mujer cuyo cuerpo jamás esperó poseer. Sin embargo, al no haber hablado nunca con otra mujer que no fuera su madre, Ki-hong carecía del valor para siquiera hablarle y no tenía idea de cómo acercarse a ella. Sintiéndose triste y perdido, Ki-hong, en un intento por aliviar su angustia, recurrió a comerse la lencería de Saya como refrigerio. Sorprendentemente, Saya, al enterarse de este acto atroz, no se enojó; en cambio, apretó sus generosos pechos contra él...